Depresión Canina

Algunos comportamientos violentos, sorpresivos o de aislamiento, que no se hayan dado en el perro con anterioridad, se pueden deber a algún tipo de problema psicológico, por ejemplo una depresión.

El perro pierde  interés por todas las actividades habituales.
Presenta también falta de respuesta ante estímulos gratificantes, somnolencia, inapetencia, sed excesiva, etc.

 

Las conductas depresivas o violentas de un perro tienen siempre un factor causante, que puede encontrarse cercano o, por el contrario, haber sucedido hace bastante tiempo y encontrarse registrado en la memoria del animal. Para cada caso individual existe una respuesta o causa diferente, pero lo habitual es que estas conductas se deban a deficiencias del entorno en el que se encuentra el perro, ya que es posible que no sea el más adecuado.

Es común que el amo sea el responsable de la aparición de alguno de estos, ya que cuando el dueño no presta al animal la atención que éste precisa, se produce un sentimiento de rechazo en el perro, que cree no ser admitido en el núcleo familiar.

Hay otras causas comunes de los estados depresivos o apáticos del perro, como las excesivas situaciones de aburrimiento o las reclusiones solitarias durante largos periodos de tiempo, agresión violenta, pérdida brusca de un punto de referencia socioafectivo (abandono, muerte de su amo con quien existía un vínculo de apego, incluso otro animal).
A veces, puede tratarse de cachorros que la madre rechazó precozmente y que posteriormente, no establecieron un vínculo de apego con una persona o con otro animal
Es frecuente que el perro se encuentre incómodo ante el desorden doméstico, ya que no encuentra hábitos regulares de vida y se produce un desajuste funcional.
El mayor factor de un desarreglo psicológico lo constituye el ansia de compañía y la falta de afecto o cariño por parte del dueño.

De los problemas psicológicos que puede sufrir un perro, uno de los más comunes es la depresión,  un estado patológico con disminución de toda la actividad psíquica que afecta, en especial, al componente afectivo. El problema de esta patología, en comparación con la humana, es que existe escasa experiencia terapéutica animal y la dificultad para tratar al perro, ya que no existe comunicación posible con él.

Es posible detectar a tiempo la depresión del perro e intentar dirigirle a un experto capaz de tratarle. Para ello, es necesario que el dueño preste atención al animal, con el fin de observar su conducta y percibir si ésta es anormal.
Esta patología puede afectar a cualquier raza, aunque varios estudios afirman que los Terrier y los mestizos, sobre todo si han habitado en perreras o guarderías, son los más propensos a padecer depresión.

El mejor antídoto contra la depresión es mantener vivo el contacto con el perro y la actividad regular, si no se le puede dedicar todo el tiempo deseado, podemos ayudarle a sobrellevar la soledad estimulándole con música durante las ausencias, y nada más fácil que dejar la radio o la televisión encendida para que se entretenga.

Cualquier perro prefiere el afecto, la relación directa con su propietario y la seguridad de su líder, a la libertad de vivir bajo su indiferencia. actividad.

Pata de Perro

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